Moscú no cree en lágrimas.

Hay un cubano atrapado en Moscú por haber abandonado Cuba buscando lo que todos, la libertad que nunca ha tenido, y que solo en una salida ha sido capaz de verla. Pero ha llegado a la tierra, donde aunque ya no hay hoces, todavía siguen a martillazo limpio con todo lo que les parezca.

A José Torres Vico le está pasando lo que a muchos cubanos que vieron en Rusia, un puente hacia la libertad; solo que el puente está plagado de obstáculos, el primero la propia Rusia. Recuerdo a mi amigo que llegaría en camisa de Yumurí en pleno invierno ruso con lo justo para sobrevivir en términos económicos; tuvo que meterse en la cocina del chiringuito de una rusa que le quería hervir el pollo, y el le decía, no, frito, frito shhhhhh imitando el sonido de una fritanga sin que la rusa se diera por aludida. Casi se muere de frío; como la esposa de un colega, que la acostaron en un camastro al lado de una ventana, y a media madrugada, con la poca voz que podía articular despertó a sus compañeros de piso a su llamada de auxilio, estaba helada.

Ya no salimos en masa hacia Rusia, aunque el cubano con tal de escapar, sigue saliendo a donde sea; tal es la desesperación de un pueblo que aunque es ignorante de su realidad, y de las herramientas para transformarla; sabe perfectamente de otras realidades allende fronteras. De ahí que intenten lo que sea; al igual que yo, que intento lo que sea por convencerlos que el exilio no es premio, sino condena.

Alguno que otro dirá; este habla así porque está fuera. Y tienen toda la razón, hablo así porque sé, como muchos de mis paisanos, de los rigores del exilio, de lo difícil de sentirte reconocido, del dolor de la añoranza de los tuyos, y que va más allá del concepto de familia. Puedo asegurar que si un genio me concediese tres deseos, uno de ellos sería volver en el tiempo; y dejar en Cuba, desde mi abuelo, y tíos, hasta el último de los cubanos que con la llegada del comunismo a Cuba, vio en el exilio la solución a sus problemas. Estoy seguro que si lograse eso, hoy no estaría escribiendo estas lineas porque probablemente, sería uno más en el barrio, jugando al dominó entre lineas de ron, y humo de tabaco.

José Torres no quiere regresar a Cuba porque dice que es una cárcel. Efectivamente, es una cárcel virtual e imposible de ver para muchos admiradores, y canallas interesados del mundo; pero real, para los que sabemos de la complicidad de un estrecho, que ha sellado con el castrismo un acuerdo para retenernos, para que nos reconozcamos prisioneros. Lo avalan casi veinte mil ahogados intentando burlar nuestro alcatraz.

Hoy es imprescindible, que los cubanos dentro dejen de mirar afuera; Cuba puede ser lo que nosotros queramos que sea; y los cubanos tenemos todo el potencial para hacer de Cuba en pocos años, lo que los coreanos del sur ya nos han demostrado: que cuando se quiere, se puede.

Así que manos a la obra, a desmontar el desastre que nos asiste, y que es más fácil de lo que parece; solo requiere del esfuerzo, el compromiso, la determinación, y la unidad de todos dentro y fuera. Porque a todos nos atañe un futuro, que solo nosotros podemos conquistar, pero que hasta ahora hemos renunciado a meterle manos con uñas y dientes.

Que si no, tendremos que seguir jugando a disfrazarnos de cubano-americanos, hispano-cubanos, cubano-rusos...; y así, hasta el infinito.

Manos a la obra!






Comentarios

Entradas populares