Ensoñación dolorosa.
Hoy me he despertado sintiendo a un cuervo revoloteándome en
la cabeza, no es la primera vez; por desgracia sé que como dice el refrán “no
puedes impedir que las aves del infortunio revoloteen sobre tu cabeza”, lo que
pasa es que en días como este, al horizonte le acusan nubarrones imposibles de
despejar por uno mismo, y tienes que aguantar hasta que Dios te regale un día
nuevo, porque a este no queda más que echarle ganas quieras o no.
De ahí estos pensamientos que me asaltan, me doy cuenta de
la carga que suponen mis retos y de lo complicado de superarlos; al menos
algunos porque a los obstáculos para sostener mi proyecto familiar en pie ya
estoy acostumbrado; y más que carga, es un acicate para levantarme cada mañana,
al fin y al cabo que es un hombre sin retos. Ya Segismundo se hacía la misma
pregunta en un soliloquio que Calderón puso en negro sobre blanco. Hoy, cuatro
siglos después me pregunto si valen la pena los sueños, o si no sería mejor
perder la capacidad de soñar despierto.
Porque miro a Cuba, y siento que no alcanzo a mover siquiera
una de las piedras del camino a la libertad de sus gentes, esencialmente no por
pereza porque dedico cada día, un trozo de mi tiempo a pensarla, a soñarla
libre de la tiranía que la asfixia, a denunciar, a intentar convencer, a
ilusionar…; y mientras aparco ocasiones o proyectos que pudieran proporcionarme,
sino réditos, al menos ocupación productiva, el tiempo pasa e inevitablemente a
mi sueño le va quedando menos probabilidad de realizarse; se oxida, como yo,
como todos los que caminamos directos hacia la extinción desde el día en que
nacemos, por puro mecanismo de oxidación.
Qué hacer frente a ello? Cuando miro alrededor al entorno
que me asfixia; veo a mis paisanos chillar por los dolores que nos identifican
y poco más. Reconozco que algunos tienen mejores suertes, al menos van a la
tele, a los medios que son los que te permiten ser “famoso” y sacar tajada del
sueño, sinceramente después de tantos años escudriñando a personas he aprendido
a ver en la mirada y expresión más allá de lo visible; y a estos se les ve muy cómodos,
como dando la impresión de que no quieren que los despierten ni a tiros.
Y para que iban a despertarse, si tienen sus vidas en términos
rutinarios resueltas. Algunos han logrado un ejército de fans que les
amplifican sus pataletas; otros han conseguido unos amigos que los soportan económicamente;
alguno que otro ha certificado su posición llegando a esferas de poder que te
garantizan un pedigrí frente al resto; otros, sencillamente tienen mecanismos
efectivos frente inhibiciones, que le permiten enseñar el culo o una teta con
tal de sobresalir en el ambiente… y triunfar.
De ahí que hoy me sienta así; porque no tengo ni tetas ni
bandera cubana, aquí donde estoy no las venden, y para rematar, mis nalgas son
velludas y no tengo intención de depilármelas para sacarlas en una foto y “venderme”;
como tampoco por mi falta de pertenencia, junto a mi irascible temperamento
creo que vaya a hacer amigos de esta clase que siempre esperan una sonrisa cómplice
antes de aceptarte; se además, que por mi falta de mecanismos para empatizar
tampoco llegaría lejos en el mundo del famoseo; y para poner la guinda lo peor,
que veo en la mercantilización de los dolores de Cuba una vergüenza y una
indignidad.
La vida pasa muy rápido y más vale estar en paz con uno
mismo, no sé si alcanzaré mi sueño de ver a Cuba libre o si a estas alturas a
alguien realmente le importan estas cosas, si realmente estoy despierto o
soñando, o las dos cosas, debe ser porque miro y solo brumas veo en este día de
cansancio y soledad.
Ya lo dijo Calderón: "Yo sueño que estoy aquí, destas
prisiones cargado, y soñé que en otro estado, más lisonjero me vi. ¿Qué es la
vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el
mayor bien es pequeño que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son"
Y guambán.
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