Ajedrez castrista.


En los poco más de cuatro meses que lleva desgobernando Cuba el “dice presidente” Díaz Canel, ya ha recibido a seis mandatarios, y políticos de primer nivel. Los primeros que llegaron los de siempre, el chupa coca, y el guagüero venezolano; a esos no hay que darles mucho lustre porque el primero está en otra dimensión, y al segundo…, le queda poco.

Pero luego han venido personajes interesantes. El Vice de Corea del Norte, El Primer Ministro de San Vicente y Granadinas, de Francia el Ministro para Europa, el Primer Ministro de Dominica, el Presidente de India, un Senador americano, el CEO ejecutivo de Google, el Presidente de los palestinos; y hasta el de Surinam, donde al Presidente no le alcanza ni para comprarse un traje.

Entiendo el optimismo desmedido de mis hermanos de causa cuando miramos a Maduro tambalearse, a Lula preso o a Ortega acojonado por el pueblo nicaragüense, que se ha quitado la venda de los ojos. Ya sé que la primavera de libertades sopla en América Latina; por fin, hasta los argentinos que tienen la mayor población de psicólogos por habitantes, están despertando.

Y hacen bien quienes están optimistas, al fin y al cabo, al igual que el contagio comunista fue diseminándose por nuestra américa, el rechazo a tantos años de oprobio y engaños se expande con igual celeridad. Pero una cosa es el optimismo, y otra muy distinta que la raíz del mal latinoamericano, esa que está incrustada en La Habana, vaya a caer por efecto estanco o por arte de birlibirloque.

Los castristas hace rato se están preparando para el supuesto de que caiga Maduro. No en balde a inicios de año Castro recibió a un enviado especial del presidente chino; Irán está amarrada desde tiempos del mojón en jefe; y los consulados cubanos están diseminados por todo el mundo, buscando que hacer para que llegue la pasta a La Habana.

Ante la caída de Maduro -que es cuestión de tiempo-, el desastre sería total. Según informes de la secretaría de comercio cubana, Venezuela representa en términos de impacto en la balanza comercial casi el 45 por ciento del total, y China, el paraíso comunista…, el diez. Para que tengamos una idea del impacto que supondría la muerte de la vaca venezolana; cuando la caída del comunismo, y la consecuente crisis que bautizaron como “periodo especial” en los 90, el PIB cayó casi un 35 por ciento; de ahí que hoy si cayese Maduro, es muy duro lo que le espera…, a los cubanos.

Porque la cúpula castrista en medio del periodo especial no dejó de comer, de celebrar navidades, de sacar a los hijos a estudiar fuera o de acumular ceros en las cuentas corrientes que todos tienen en el extranjero, que para eso estuvo el sesenta por ciento restante del PIB; el que se esfumó entonces con la caída del Muro, fue la parte que le correspondía a los cubanos; su parte, la parte oprobiosa que siempre han manejado para beneficio propio: “NO SE TOCA”.

De ahí que hoy, las brisas de libertad en américa latina no deben hacernos creer que será condición sine qua non para la libertad de los cubanos. Estos tendrán que pelear por sus derechos o llorar mientras gritan a los cubanos de Miami para que los abastezcan, que será la baza que también jugarán los castristas en su plan para salvar la corona porque con China, India, y Surinam no les da para repartir.

Así que andémonos con ojo avizor, y no perdamos la perspectiva que casi siempre nos pasa por estar todo el día desahogando frustraciones en vez de levantar conciencias. Porque eso de cagarse en el comunismo, desestresa pero no educa; y lo nuestro es educar…, y despertar.

¡Ánimo!



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