Piedras en el camino a la libertad de Cuba.

Los fenicios fueron un pueblo admirable, esta comunidad del mundo antiguo, situados frente al Mediterráneo, se les ocurrió, nada más, y nada menos, que inventar el comercio a gran escala, entronizando al dinero como forma de cambio en las relaciones comerciales de los hombres. Luego con el tiempo, surgiría aquel refrán, “poderoso caballero es Don Dinero”, y es que aquel llegó para contaminarlo todo, o casi todo, aunque esto último sea difícil afirmarlo hoy en este mundo post moderno.

José Martí llevó adelante su guerra necesaria de discurso en discurso, recolectando aquí y allá, de las manos más dignas, las que humildemente ganaban el pan diario sin otro horizonte que el de esperar ver a Cuba libre. Aquellos exiliados si eran conscientes de su condición, y contribuyeron como nadie a la libertad de Cuba. Tampa, Cayo Hueso, Nueva York, doquiera que había una comunidad cubana, allí estaba él, a pesar del frio, el hambre, o el hostigamiento de los servicios secretos Españoles, pidiendo por Cuba.

Y hubo fracasos, claro, ahí está  “La Fernandina”, y volvieron las manos a dar de lo poco que había, porque había principios, porque no todo es dinero en esta vida, porque eran exiliados, porque no eran post-modernos, y porque además, sabían que en Cuba, sus hermanos cautivos,  vivían esperando el día de ser libres, dispuestos a responder desde la comunión de ideas, en el reclamo de libertad imposible de acallar por aquel tiempo.

Hoy, Cuba sigue cautiva, ya no es del Imperio Español, sino de un unos malos hijos que traicionaron, y han condenado a generaciones de cubanos, a la falta de libertades y derechos, en la tierra de aquel que quiso como Ley primera, el culto a la dignidad plena. Paradójicamente hoy, la comunidad exiliada es mucho más amplia, robusta en términos económicos, pero a su vez, inconsciente de su condición e irresponsable de su obligación. Hoy, es más fácil para muchos de mis compatriotas, apadrinar un perro, que apadrinar una causa, teniendo en cuenta que esa causa, es la libertad de su tierra.

Si sumásemos los cientos de establecimientos regentados por cubanos exiliados en todo el mundo, sería muy fácil estructurar al estilo Salvation Army, un sistema para la financiación de la causa, y así cortar con la especulación y la corrupción, que  la utilización de fondos de la Administración norteamericana,  generan en el proceso de asignación, haciendo de la libertad de Cuba, un negocio más, y motivo de corrupción  en algunos, de una causa que debería ser Santa.

Pero claro, para eso: habría de existir, alrededor de los que lideran, una comunión de ideas con relación a la idea de liberar Cuba; tendríamos que ser unos exiliados conscientes de nuestra condición, y sentirnos comprometidos con aquellos que hemos dejado atrás; convendría que hubiese una organización que estructurase toda la acción dentro y fuera de Cuba; se necesitaría un tiempo, donde los principios estuviesen por encima del dinero; urgiría resucitar a Martí, o al menos, a su ideario.

Puede sonar imposible, puede incluso molestarle a muchos, pero la libertad de Cuba merece que ante todo, seamos honestos. Como dijera el poeta: nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.

O sí?.
 

Comentarios

  1. Sabia descripcion. Denota inteligencia y cultura. Admiro. Solo difiero en proyeccion estrategica de la lucha

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  2. Sabia descripcion. Denota inteligencia y cultura. Admiro. Solo difiero en proyeccion estrategica de la lucha

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  3. Si la estrategia normalmente puede diferirse, pero el problema real no es las diferencias sino que no hay como hacerlas confluir en algo común frente al Castrismo.

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