Actualizando a Martí.

El Maestro de todos los cubanos yace en un altar que le construyó el pueblo por él liberado y ahí reposa para siempre, atrás han quedado a una distancia de casi siglo y medio sus discursos vibrantes que levantaban a hombres y mujeres de su tiempo. Hoy sus Obras Completas los atesoran para quienes quieran buscar en ellos la inspiración.

Y son pocos los que se acercan al menos con corazón predispuesto a leerlo y entender sin necesidad de trocearlo y adecuarlo a realidades pigmeas por visiones limitadas de la situación de Cuba. Entonces, él con su sagacidad para desentrañar y destripar las cosas de nuestra tierra nos retrató, al tiempo que buscaba con su siempre certera manera de hacer crítica, despertar en los cubanos de entonces el compromiso con su patria. Su muerte en Dos Ríos le impidió ver la fiesta de 1902 en la que tutelados y todo, nacimos como República Americana, gracias al tesón y la clarividencia suya para entender el final de un camino que sus preclaros compañeros de causa no fueron capaces de atisbar por sí mismos, sin que ello no mermase su patriotismo y compromiso; simplemente era una cuestión de luces, y Martí las tenía todas.

Entonces regresamos todos dejando de ser de fuera o dentro, para ser todos cubanos al fin. Y comenzamos nuestra andadura como un niño aprendiendo a caminar, entre dudas y caídas, pero resueltos a realizar el sueño de la patria de todos.

Y el sueño de una Cuba de dignidades y libertades se frustró por la maledicencia de muchos, unos primeros que buscaban sus réditos personales y poco más; y luego otros, que con ínfulas de reyezuelos vinieron a quedarse y convertir el sueño, en una pesadilla terrorífica que hasta hoy nos dura.

Como el tiempo pasaba y los que iban a volver nunca lo hicieron, nos fuimos; a veces discretamente, otras en desbandada, y fuimos tantos fuera otra vez que volvimos a catalogarnos según si estabas o no, en aquel mundo de pesadillas.

Y en medio de dolores enquistados creció un cubano diferente al que sus padres permitieron les inculcaran la semilla de la sumisión y les castrasen con una pañoleta nada más arribar a los 7 años, el órgano que les había sido dado para soñar, reír e inquirir acerca de su realidad.

Hoy el Maestro puede tener la tentación de creer que Cuba no está fracturada en pedazos, pues él está ahí en su Mausoleo con su bandera y el sol alumbrándole; y probablemente, por tener la infecta miasma castrista en forma de mojón tan cerca, pueda que esté un poco desactualizado. Así que por si acaso ahí va para él esta actualización sin más intención que la de apurar el cáliz.

Los cubanos de dentro: Después de seis décadas de castración ciudadana y desde una incoherente manera de enfrentar la realidad que le asfixia, el cubano de dentro está castrificado, con una mente condicionada a escuchar cosas tremendas y aceptarlas sin matices; dueños de la verdad absoluta son incapaces de ver más allá de donde les dejan, sin siquiera plantearse oposición frente a más de medio siglo de carencias objetivas, si con ello tienen que enfrentarse y desmontar lo que sostiene su vida miserable. Y eso, a pesar de que existe un reducido número de mujeres y hombres que cargando la indignidad de tantos, pelean cada día aún hasta desde dentro de las celdas de la oprobiosa tiranía para motivarlos.

Los cubanos de fuera:Ahí está el mayor de los dolores de Cuba, en aquellos que habiendo escapado de la tiranía han llegado a mejores tierras buscando un lícito futuro para ellos y sus hijos, pero han sido afectados indistintamente por conductas que los desconectan y de alguna manera condicionan hoy toda posibilidad de que regresemos, al menos como pueblo libre. El desarraigo es expresado hoy en formas reconocibles según se mire y que básicamente los agrupan en tres grandes grupos: los olvidadizos, los cómplices y los obcecados. Los olvidadizos son fácilmente reconocibles, se han dedicado a abrirse caminos olvidándose que en Cuba quedaron sus familias, amigos y conciudadanos atrapados en el callejón indecente del castrocomunismo. Igualmente los cómplices que han sido incapaces de quitarse de su alma esa predisposición a la esclavitud y regresan y regresan a la casa ocupada y desgobernada, solamente con el animo pueril de una familiaridad mal entendida o una indecente predisposición a la ostentación, mientras mantienen la cabeza en genuflexión permanente y la voz apagada, para evitar disgustar al amo que lo controla gracias a la aceptación de un documento que le recuerda que el que nace esclavo, muere esclavo. Y luego los otros, los obcecados; esos que teniendo conciencia del mal, han hecho mucho y nada por remediarlo, porque el esfuerzo estéril no compensa y el vivir exiliado no termina de despertar en ellos el interés por arrimarse a un hombro diferente al suyo aunque aquel clame igualmente por sus mismos dolores o compartan igual fin, un fin que no son capaces de apreciar, como tampoco son capaces de ver la necesidad de comulgar debido a lo escabroso del camino pero claro, la obcecación es lo que tiene que limita el alcance de los faros.

Así que querido Maestro, entono un mea culpa por la parte que me toca, te reitero mi compromiso de enmienda y prometo que esta marcha de libertad que nos aguarda la llevaremos adelante más temprano que tarde espero, para que el sueño y la pesadilla sean parte de la historia de esa Cuba futura que nos aguarda donde su ley primera sea realmente la de la dignidad plena del hombre.




Comentarios

  1. Magnífica definición....en sintonía total...

    ResponderEliminar
  2. Respuestas
    1. Una profunda reflexión sobre nuestra amada isla y el apóstol desfigurado por el Castro comunismo. Marti, renace nuevamente y llevamos machete en mano contra esta esclavitud que tu nunca quisiste. Somos un solo pueblo, los de adentro y los de afuera. La cubanidad no nos la quitara nadie

      Eliminar
  3. El empuje de todos es lo único que puede salvarnos. Ánimo!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Opine usted aquí; libre, y respetuosamente.

Entradas populares